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       Diario Deportivo Olé
   
Buenos Aires, República Argentina
Jueves 4 de noviembre de 2004
Año 6 - Número 2136
 
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SAN LORENZO

Carasucia 2004

Para el Bambi, Barrientos es el jugador del Ciclón que más se le parece. El Pitu se maquilló para Olé: "Ojalá me quieran como a él, acá es Dios".

 
  Pablo Cavallero. pcavallero@ole.com.ar (2'39")
 
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Mugre en el rostro, como en los polvorientos potreros de Comodoro, el Pitu posa con Ina, su perra sharpei y stopper.
 
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Quién diría, el departamento es más áspero que el potrero o, al menos, lo es desde hace tres semanas, cuando el stopper, cedido por Aldo Paredes (un entendido en mimos a las pantorrillas) empezó a masticarle los tobillos, marca personal digna de un Aguírrez, en su defecto, un Laspada. "Ina, a cucha", le ordena Pablo Barrientos a la cachorra sharpei, ante la nula obediencia. He ahí, quizá, una de las causas por las que no claudica con sus chiches ante los correctivos o la avalancha de responsabilidad. Y esa afición por la brillantina, el coraje para intentarlo, tal vez, hayan sido los puntos en común para el puente tendido por el mismísimo Bambino Veira. "Del plantel, el Pitu es el más parecido a mí cuando jugaba", confesó hace un tiempo el técnico, ya con vasto conocimiento sobre el grupo. Y el comodorense aún no sale de su asombro. "Me pone muy contento que diga algo así, te dan más ganas de devolverle la confianza", cuenta. Y se imagina con un reconocimiento similar al del DT en Boedo, con un feeling vecino al romance. "Claro que me gustaría algún día que los hinchas me quieran como a él, ¿a quién no? Pero es muy difícil. En San Lorenzo el Bambino es Dios", explica; y comienza a caracterizarse. Carasucia modelo 2004...

Solito y solo, se aplica la capa de negro que hará las veces de mugre, a tono con el maquillaje espontáneo a cargo del viento en las polvorientas canchas del Sur, cuando el fútbol eran sólo gambetas. "En el potrero no me gustaba marcar. Hoy, es lógico, tengo otras responsabilidades, esto también es un trabajo", narra. Al Pitu le costó encontrar la amalgama entre el tocador atorrante y el creativo aplicado. "Hubo un momento en que perdí esa alegría de jugar, y lo hablé mucho con el psicólogo de la Selección (Marcelo Roffé). El me explicó que, igual, tenía que entrar a la cancha a divertirme. Y el otro día, charlando con el profe (Valdecantos), le dije que hoy, me salgan bien o mal las cosas, salgo a jugar", confiesa. Tanto que, aún en la actualidad, pispea jugaditas para implementar en la gramilla extensa. "Estos días estuve yendo a ver el Torneo Nacional de futsal, y vi a un pibe que hizo una doble pisadita y la dejó. Y el otro día, con Estudiantes, fue instintivo, me salió. Está buena", tira, entusiasmado.

El valor de la comparación, la flor en el espejo va más allá del impacto en las retinas, tiene una importancia más bien tácita. "No tuve la suerte de ver jugar al Bambino en videos, pero la gente del fútbol amateur del club, los hinchas, me dieron las mejores referencias", apunta. Esa picardía que regalaba de la línea de cal para adentro, ahora la riega en el vestuario. "Tira chistes, habla con el grupo, siempre con buena onda, te mantiene el ánimo arriba. Empieza con las frases: ''Vamos, fieras, con ganas''. El mismo te demuestra actitud, sabe cómo motivar", señala, en compañía de César, más conocido como el Pelado Soto, amigo de sus pagos.

El tinte en el rostro muta en emblema de guerra, las chances latentes en el Apertura mantienen en guardia el espíritu de lucha, alimentan la esperanza. "El campeonato está buenísimo, no es mediocre como dicen muchos, está parejo porque todos los equipos tienen jugadores de nivel, como Lucho González, Romagnoli, Mascherano, Palacio...", suelta su análisis. Y exhibe trapos de resistencia, aguanta la chapa. "Por ahí, después de River cambió la mirada de afuera sobre el equipo, pero nosotros nos teníamos confianza. Si vos visitás a River sin fe, no ganás. Lo mismo pasa con el torneo", se anima. Al toque, alza a Ina y le mete mancha al flash, destila potrero. Y eso no lo quita ni el jabón más feroz.

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